Tres Historias

Cuento tres historias que son ciertas y es la primera vez que cuento.

El Hombre Invisible
1.- En 1986 Estoy en Cerro Muriano (Cordoba) haciendo el servicio militar. El sabado y domingo suelo ir a un lago contaminado a sentarme bajo una encina pasando el calor. El lugar se encuentra a unos dos kilómetros del cuartel. A la vuelta, sobre las cuatro de la tarde, decido regresar por un lugar más alejado por donde no había ido nunca. Me encuentro en un lugar aislado entre montañas al que solo se puede acceder caminando varios kilómetros por una zona con mucho polvo en el suelo. A mi izquierda hay un río seco con bordes verticales y fondo de más de dos metros. A la derecha hay 100 metros llanos sin arbustos ni rocas, todo liso de tierra con mucho polvo y hierba. Más a la derecha una enorme cantidad de árboles. El calor es muy intenso, de más de 40 grados.

Llegando a un recodo del río seco, veo a un oficial acercarse despacio, me fijo muy bien. Va perfectamente uniformado con traje. Lleva la ropa muy limpia, recién planchada y los zapatos negros muy limpios. El color de su piel me extraña porque es un color ideal para una temperatura media, pero con el calor de Cordoba bastan unos minutos para que el color sea más moreno. El pelo como recién salido de la peluquería. Va excrupulosamente limpio. También me extraña porque bastan unos pasos por ese lugar de tierra y hierba para que los zapatos se ensucien o queden rastros, pero los zapatos están brillantes, recién lustrados. Lleva un rectangulo en la parte izquierda del pecho donde se lee MARTINEZ, de rango sargento. Es decir, que en medio de la nada, en un lugar sin gente ni carreteras o accesos, con un calor asfixiante, me encuentro con un oficial uniformado con traje de paseo, mangas largas y corbata que parece recién salido de una sesión con su estilista.

Tiene unos 40 años, de peso unos 75 kilos, de buen y cuidado aspecto. Se acerca hasta llegar a un metro. Se para y dice que por allí no puedo pasar porque ese lugar es suyo. Le digo que a qué se refiere con suyo. Repite que es suyo y que no vuelva por allí. Le digo que o se aparta o le meto una patada porque no estamos en el cuartel. Se sonríe y pasa a unos centímetros a mi izquierda. El borde del río estaba a un metro y algo. Doy dos pasos y a mi espalda Martínez dice algo en tono de burla. Recordaba lo que dijo durante años pero a estas alturas no lo recuerdo. Me giro y no había nadie. Todo sucedió en tres segundos. Me quedo un buen rato de pié inspeccionando todo con la vista. El recodo seco del río, sin huecos donde esconderse y a la izquierda según miro, los 100 metros sin arbustos ni maleza ni rocas. Simplemente no está. Bueno, yo voy a lo mío y todo esto me extraña pero sigo con mis cosas.

En ese momento tenía en mi mente la idea de que había visto algo que chocaba entre sí y que no era posible, el calor y la extrema limpieza de aquel individuo. Ni siquiera sudaba, estaba fresco y relajado. Yo no pensaba en nada digamos paranormal, simplemente un incidente que no entendí en ese momento debido a que mi forma de pensar es técnica y pienso que todo debe tener una explicación técnica.

Otro día, voy de nuevo a pasear y al salir me pongo a charlar con el soldado de guardia de la puerta que da al lago. Suele encontrarse en la puerta el mismo soldado, supongo que le tocaba estar allí los fines de semana a esa hora. El soldado me pregunta cada vez que salgo que a dónde voy porque no está permitido salir. La puerta está abierta porque algún oficial sale por allí a correr. Yo tengo siempre una “discusion” en la que le digo que aquello no es una carcel y que me dan lo mismo las normas. Soy así, choco con con el poder establecido. Hablando de mis salidas al campo, le comento de pasada el incidente diciendo que “…y encima me encuentro con el sargento Martínez”. En ese momento se pone lívido y me pregunta con mucho interés por Martínez. Después dice que vuelva al día siguiente que me va a enseñar algo.

Vuelvo y me enseña una foto antigua de tonos marrones donde se ve a Martínez perfectamente con una edad similar a la que yo mismo pude observar, por eso desde el primer momento que ví la foto no entendí lo que sucedía. Le pregunté extrañado al soldado si la foto era auténtica. Decía que sí y que necesitaba toda la información que pudiera darle porque se lo habían solicitado los mandos y la propia familia lo había pedido. En la foto Martínez va vestido algo peor, la ropa no le ajusta tan bien y con un tono de piel más normal para el calor del lugar. Pero la foto es antigua y la han recortado de un album.

El soldado sólo dijo varias veces que si recordaba algo más lo explicase pero no añadió nada en ningún momento. Saqué la conclusión de que la foto es de la época de la guerra civil y Martínez una de las bajas y que tenían la foto porque debió hacer de las suyas. Lo que Martínez quería era que yo explicara el incidente incidiendo en que se encuentra en el recodo del río, en la parte del exterior si se mira desde el cuartel. El soldado tenía cara de susto y me preguntó extrañado varias veces: “pero, y tenía buen aspecto?” y yo decía: “buen aspecto? es el individuo con mejor aspecto que se pueda encontrar en 100 kilómetros”.

Este Martínez me ha utilizado porque estas cosas me pasan factura, ya que a mí no me interesan los temas extraños. Pero de forma obligatoria, no opcional, insisten en enrarecerme la vida.

A alguien más le ha sucedido? quién es esta gente y dónde se encuentra? De qué se componen? Cual es el sentido de la vida? Sabemos alguna cosa sobre algo, aparte de que estamos aquí?

Poltergeist
2.- Estoy en mi cuarto, es de día sobre las 9 de la mañana hace 13 años. Estoy de pié al lado de la cama porque oigo un zumbido en un punto de la habitación desde hace días. Sé que hay algo porque además, al acercarme me entra un hormigueo en el cuerpo, es matemático.

Esa mañana cojo el teléfono que está al lado sobre una mesa y de la nada recibo un golpe tremendo en el pecho y salgo disparado por el aire cayendo en la cama. Quedo sin poder moverme durante casi media hora. Estoy congelado de frío. Solo muevo un poco y con gran esfuerzo la mano donde llevo el teléfono todavía agarrado, que es inhalámbrico. Pulso el boton de grabar y explico lo que sucede porque pensaba que la diñaba. La voz me sale como una casette en modo muy lento y grave.

A la media hora se acaba la situación. Me miro en el pecho y tengo 3 arañazos profundos como de 3 dedos que supongo que no pueden ser humanos sino como de animal porque con las uñas no se puede hacer eso. Garras vamos. Tienen unos 15cm de longitud. Durante días escucho el sonido de mi voz grabado en el teléfono y es alucinante. Al final lo borro porque daba mucho repelús. Pasaron muchas más cosas durante años. En otro momento, vuelvo a coger el teléfono, porque no estaba dispuesto a que alguien me diga lo que tengo que hacer, y al momento me sube por la mano y por todo el brazo una energía que agarrota los músculos de la mano. Hace bastante daño y tengo que soltar el teléfono.

Le pasa a alguien más o solo a mí? Quién es esa gente y porqué no dan la cara?

P.D. Ellos no se exponen directamente y emplean secuaces a los que tienen amedrantados o perjudican mediante sus conocimientos y tecnología, pero no dejan rastro que les implique. Su conocimiento de la fisiología humana es total, pueden provocar enfermedades y curarlas. Por ejemplo, pueden inducir a alguien a hacer cualquier cosa o controlar a cualquier persona. Si un suceso les sale mal, pueden hacer que nadie lo recuerde. El cerebro es un emisor y receptor. Los pensamientos pueden ser captados y de la misma forma pueden ser borrados los recuerdos.

Pensad que una gente con por ejemplo mil años de adelanto con respecto a nosotros, podrían tener un “ordenador” que emita en la frecuencia del cerebro y borre una secuencia de tiempo de una o muchas personas. Teniendo esas capacidades, nosotros podríamos ser su experimento.

Por cierto, que cuando sucedió lo del telefono, llamé al punto de contacto desde una cabina, y el lugar seguía activo. Está guardado por varias personas y medios técnicos ocultos. Me dijeron que llamase un poco después porque tenían que comprobar la situación. Después me dijeron que efectivamente lo hacían ellos mismos y que era porque yo les había insultado. En realidad lo que pasa es que yo no estoy de acuerdo con lo que hacen y no han podido amedrentarme a pesar de sus muchas amenazas y ataques. Su frase preferida es: como digas algo, te matamos. Me están dando un escarmiento público para vean lo que les puede pasar a los que piensan por su cuenta.

Volví a llamar en varias ocasiones. Estuve hablando con una mujer que es curandera y trabaja para ellos. En la charla, una de las cosas que me preguntó muy insistente e interesada es si había abierto alguna carta. Resulta que cada cierto tiempo me llegaban cartas de gente muy mala con la que no me trato y pertencecen a ese grupo. Las cartas las cogía por una punta sin abrirlas y las tiraba a la basura sin subirlas a casa. La mujer me dijo alterada que no se me ocurriese abrir ninguna carta. Otro comentario que hizo es que no se me ocurriese casarme.

Se han cebado conmigo pero si les va bien hacen todo el daño que pueden a las personas cercanas. Otro de los secuaces con los que hablé por teléfono me hizo un comentario en el sentido de que no le agradaban los cuadros que tenía en mi casa. Este individuo nunca estuvo personalmente en mi casa. Yo nunca tuve cuadros hasta que poco antes de estos problemas decidí reformar la casa y amueblarla. También me dijo que estaban haciendo lo mismo a más gente.

Un dato curioso, es que en varias ocasiones que llamé me dijeron que esperase un momento y mientras esperaba se escuchaban como interferencias en la línea teléfonica, burlas y voces extrañas.

Esto lo cuento por si alguien sabe algo. En la actualidad quedan unos restos de lo que ha habido en toda la casa durante años. En una de las habitaciones en una esquina al pasar cerca noto como si hubiese algo allí y una sensación como chispeante al acercarse. Solo me he hechado una vez en la cama que hay y al momento noté un aire frío en dirección a las plantas de los pies y la sensación chispeante alcanza todo el cuerpo. Un instante después noté dos punzadas en una de las plantas, al momento es como si algo sorbiera la energía del cuerpo y físicamente se vé como se encoge el organismo. En dos minutos me quedé sin energía para varios días y casi ni podía estar de pié ni hablar. He probado a echarme y levantarme rápido y pasa de nuevo lo mismo. Es como un dispositivo de energía que inutiliza la habitación.

Atrapado en Otra Dimensión
Voy a explicar, una historia real que me sucedió a mí cuando estaba en la mili.

En el segundo cuartel en el que estuve, había dos garitas. Una de ellas era la garita de atrás que estaba alejada de los edificios del cuartel y que daba al campo. De noche había allí una oscuridad casi total. Allí se había quitado la vida hacía pocos años un compañero. Se disparó con un cetme y la bala atravesó el cemento de la garita justo por la esquina superior derecha de un lateral del interior, que es la zona más fuerte de la estructura. Después de bastantes días allí sin incidentes, una noche de guardia estaba mirando el agujero y me puse con el cetme a simular cómo podía haber sido el disparo. De pronto escuché claramente en mi mente una voz que me digo “sí, fue así como sucedió”. Respondí alterado preguntando que quién era el que hablaba, pero la voz me dijo que no podía oírme, que le respondiese con la mente, pensando. Estuvimos hablando cada vez que yo hacía guardia en la garita durante como unos dos meses, cada vez que me tocaba guardia, que era casi cada día porque éramos pocos en ese cuartel. Era el muchacho que se había quitado la vida. Me dijo su nombre completo, me explicó muchas cosas sobre su vida y lo que había pasado. Me contó cómo era el lugar donde estaba y quién había allí… El caso es que, resumiendo, yo llegaba muertito a la garita de todo el día de guardia y le decía que necesitaba descansar. Me decía que necesitaba que yo hablase con alguien… decía que tenía un problema y es que estaba atrapado en un lugar y que podía en determinados momentos ver la garita, pero no más allá de la puerta. El muchacho estaba agobiado. Hay mucho más. Poco días después de comenzar a hablar con él, me dijo que le habían dicho hacía tiempo que iba a ir a la garita una persona que podía ayudarle y que pensaba que podía ser yo. Yo no sabía de qué hablaba. Me estuvo preguntando que a quién conocía y sólo se me ocurrió decirle que la curandera. Le expliqué que era malintencionada lo mismo que los que estaban escuchando mediante los transmisores. A partir de ese momento, no dejó de insistir cada vez que hablábamos en que la llamase por teléfono. Yo le dije que lo haría o que iría a verla al terminar el servicio militar, pero el muchacho insistía en que la llamase por teléfono cuanto antes. En realidad este tipo de situaciones los provocan buscando la excusa para perjudicar o sólo para entretenerse. Es parecido a lo que hacen los científicos con los animales enjaulados.

Al principio de hablar con él, le pregunté muy interesado que me describiese el lugar donde se encontraba y la gente que había allí. Me dijo que se encontraba sólo en un lugar del que no podía salir. Se lo impedía algo similar a paredes de energía de diferentes colores. No sabía bien cómo describirlo. Dijo que sabía que había más gente y que, de vez en cuando, iba una especie de encargado.

Me explicó que en ese lugar no existe el tiempo. Me pidió con mucho interés que le dijera la fecha en que yo me encontraba porque le afectaba pensar que el tiempo pasaba y su situación no se solucionaba. Me pidió que no respondiense directamente con la fecha porque no le permitían preguntar eso y alguien podía escucharlo. Quería que yo respondiese de forma discreta.

Una de las noches le comenté que como yo cogiese al que estaba rompiendo el cristal de una pequeña ventanita de la garita se iba a enterar. Entraba un frío que pelaba. Me digo que lo hacía él porque a veces se enfadaba debido a su situación. Es decir, que no solo podía verme sino que podía interaccionar de forma física en mi plano.

Algunos días escuché la voz de un energúmeno que se encontraba allí a veces y que era el que le vigilaba. Yo le tenía atravesado porque me decía lo que tenía que hacer yo, era un verdadero metepatas. Entre otras cosas recibí algo parecido a varias descargas eléctricas muy fuertes. En otra ocasión me dejó “desconectado” y me desplomé. La voz del energúmeno era la del tal “dios”, la misma voz que había escuchado y que escuché más tarde, al terminar la mili estando ante los transmisores en otra ciudad diferente a donde yo estaba haciendo el servicio militar.

Comencé a ir donde los transmisores como mes y medio antes de ir a la mili, en que milagrosamente me curaron de una enfermedad que ellos me habían provocado para así ganarse mi confianza, y manipularon las cosas para que regresara a vivir a una ciudad cercana a los transmisores una vez terminada la mili, porque yo no tenía intención de ir a vivir a esa zona de nuevo.

Cerca de la garita había un silo. Era una estructura cilíndrica que en la superficie tenía unos dos metros de altura y en el interior unas tres plantas, porque desde arriba no se veía el fondo debido a que estaba oscuro. De anchura tenía unos tres metros. Tenía una puerta antigua de tamaño normal pero en buen estado. En el interior había un rellano pequeño y una escalera circular sin barandilla que llevaba hasta el fondo bajando de derecha a inzuierda. Las paredes estaban construidas con ladrillos refractarios, como se construía antes. El silo no se empleaba y llevaba mucho tiempo abandonado pero el interior estaba en buen estado. En una ocasión tuve que entrar para dejar en el rellano de arriba una pieza y volver a recogerla más tarde. En el exterior hacía un calor tremendo, pero en el interior del silo hacía un frío muy fuerte, bastante extraño. Bajé unos peldaños para ver el fondo pero tuve la sensación de que había alguien allí mirándome y decidí salir del silo. Más tarde fue otra persona la que recogió aquella pieza.

En una ocasión el muchacho, que era comunista, me dijo que en el silo estaban varios de derechas y que querían hablar conmigo, pero que tuviera cuidado porque pensaba que tramaban algo contra mí. Le dije que les dijera que si querían hablar conmigo tenían que explicar para qué y si la visita iba a ser hostil y que de otra manera no iba a ir. Al final no fui. De paso, pregunté al muchacho si todavía en el otro mundo seguían con ese tema de la derecha y la izquierda y me dijo que sí pero que entre él y los del silo tenían una especie de tregua debido a su situación común.

En la ocasión en que me desplomaron, no sé cuanto tiempo estuve inconsciente, pero recobré el conocimiento a base de las patadas bestiales que un cabo primero me estaba dando en la planta de uno de los pies mientras decía que me había quedado dormido. Yo tenía un embotamiento en la cabeza tremendo y no podía ni hablar y el cabo primero seguía voceando como un bestia sin atender a mi lamentable estado. Esa fue una de las cosas que colmó el vaso de mi paciencia.

En una guardia posterior, manipularon al mismo cabo primero y se presentó de noche en la garita y después de unos instantes con unas palabras inquisitivas y una actitud hostil que no era normal en esta persona ni en nadie, y sin motivo ni provocación por mi parte, me atacó en el interior de la garita. Le inmovilicé en el suelo y le estuve estrangulando manteniendo las dos piernas unidas a la altura de las rodillas con su cuello en medio y con los pies cruzados. Así estuvo un rato y presioné tanto que estuve a punto de romperle el cuello, eso lo estuve pensando más tarde y me mostré muy disgustado de que hubiera pasado eso, tan desagradable para mí y para esa persona.

Este cabo primero era el mismo que estaba de guardia el día que el muchacho se disparó y en varias conversaciones el muchacho me dijo que el cabo primero, que era de actitud de derechas, le había presionado y que ese era uno de los motivos que le llevaron a su situación. Además, entre otras cosas, el muchacho no comprendía que le hubieran llevado a la mili a la fuerza y que tuviera que aceptar las normas de los militares. Yo le dije que pensaba que tenía razón y que seguramente en el futuro la mili sería voluntaria.

El cabo primero, estando en el cuerpo de guardia en una guardia antes de que yo hablase alguna vez con el muchacho, nos contó a los que allí estábamos lo que había sucedido con ese muchacho y fue muy duro para todos escucharlo. El cabo primero era una persona joven y normal, no era mala persona. Una noche en la garita, cuando ya se estaba agotando del todo mi paciencia, el muchacho me pidió que fuera a verle y le dijera que fuese a la garita porque quería hablar con él. Le dije que lo hacía a cambio de que la conversación no fuese hostil. Así quedamos, por lo que abandoné la garita y me presenté en el edificio del cuerpo de guardia. Salimos al exterior y le expliqué lo que había pasado, incluso le indiqué cual era el nombre completo del muchacho, y que si quería hablar con él era su decisión y debía en ese caso entrar en la garita y tenía que esperar a escuchar su voz en su mente y debía responder pensando. Se dirigió a la garita mientras yo esperaba a unos 200 metros. Estuvo mucho rato dentro de la garita y salió serio pero no se le veía muy alterado y no me dijo nada sobre lo que hablaron ni yo pregunté tampoco.

El muchacho escuchaba todo lo que yo pensaba y yo no controlaba mi mente, como por ejemplo lo hago ahora. Conversábamos con normalidad pero cuando yo tenía que evaluar una determinada respuesta, pensaba primero varias opciones y a veces él no quedaba bien en alguna de ellas y me preguntaba si eso era lo que pensaba de él. El muchacho escuchaba todo, me hizo comentarios sobre cosas mías a veces con tono de burla y a veces para sacarme información, todo eso lo percibí como una invasión de mi intimidad. Por otra parte, el energúmeno le dijo que dejase de darme detalles y la conversación al final consistía en que sólo me hacía preguntas. Insistía constantemente en preguntar si había llamado por teléfono a la persona que me indicó. Yo le decía que no, pero que lo haría o que iría a verle, que ya se lo había dicho muchas veces. La cosa se puso tensa y yo solía hacer guardia en el exterior de la garita. Terminado el servicio militar, hablé de este muchacho frente a los transmisores.

Otra noche en la misma garita, en plena noche se presentan dos soldados con una actitud muy hostil, seguramente manipulados, intentando agredirme. Yo no tenía ningún problema personal con ellos. Salí fuera, llegué a bajar las escaleras de la garita y llegué a tener a uno a medio metro mientras le apuntaba al estómago con el cetme cargado y sin seguro. No era posible que de noche hubiera soldados fuera porque estaba prohibido y a nadie se le ocurriría acercarse de noche a una siniestra garita y menos intentar atacar al soldado de guardia y sin motivo. Más tarde esa misma noche, las voces de la garita me sacaron tanto de mis casillas que abandoné la garita, entré en el cuerpo de guardia y directamente lancé el fusil en el armero. El cabo de guardia estaba estupefacto. Le dije que me negaba a seguir en la garita y me tumbé en la cama. Este cabo de guardia era muy buena persona, muy responsable, de lo mejor que hubiera en ese cuartel. Preguntó el motivo pero me negé a explicárselo. Tengo que resumir mucho lo que sucedió porque estuvimos bastante tiempo discutiendo. Se puso muy insistente en que volviera a la garita y yo dije que no. Quiso agarrarme para sacarme de la cama y le estruve estrangulando con las manos y le di un golpe que le tiró al suelo. Siguió insistiendo y salimos afuera. Yo intenté razonar y le dije que diera parte al oficial de guardia y que al día siguiente ya me arrestarían o lo que fuese, pero el cabo se negó e insistía en que tenía que volver a la garita. Esta persona estaba fuera de sus casillas y tomó decisiones equivocadas, pero era de noche muy tarde, ambos estábamos cansados y no hay nadie perfecto. Yo intenté por todos los medios evitar hacerle daño pero me atacó reiteradamente. Salió perdiendo. Los que estábamos de guardia llevábamos en el cinturón una bayoneta y dos cargadores. Incluso me lanzó su bayoneta a la cabeza pero la pude a un palmo de la cara con un golpe de la mano. Fue un disparate intentarlo y si llego a fallar el traumatismo habría sido muy serio. Al final quedó agotado y desistió. Me volví a tumbar en mi cama pero escuché una voz en mi mente que me dijo que le dijera al cabo que fuese a la garita porque un familiar suyo quería decirle algo. Se lo dije al cabo y le dije que era su decisión ir o no ir a la garita. El cabo abandonó el cuerpo de guardia y se marchó a la garita. Tardó bastante en regresar y cuando lo hizo estaba muy molesto. A la mañana siguiente yo no recordaba lo que había sucedido. Una vez relevada la guardia nos marchábamos cuando el cabo me dijo que quería hablar conmigo. Dijo que le había perjudicado pero yo no recordaba lo que había sucedido. Me preguntó si yo no recordaba que había abandonado la guardia y entonces me dí cuenta de que no recordaba cómo había vuelto de la garita. Se dió cuenta de que a los dos nos habían manipulado. No se qué le sucedió pero provocan estos incidentes buscando excusas para perjudicar a la gente.

Así que yo estaba en un cuartel al que me habían llevado obligatoriamente y sin cobrar, en medio de la nada en trabajos forzados por el día al sol con explosivos. Como éramos muy pocos, me tocaba guardia constantemente. Terminaba el trabajo del día y a hacer guardia. De día hacía un calor tremendo y de noche un frío tremendo. La guardia en la garita de atrás era de noche, en medio del campo y lejos de los edificios del cuartel, a kilómetros de una ciudad. No se veía nada. Llegaba reventado de todo el día y me encontraba allí, yo solo, con un individuo que estaba muerto, en otra dimensión, que me asaltaba la mente y se le iba la cabeza a veces porque estaba agobiado y un energúmeno amenazante me daba calambrazos. Yo diciendo que lo que quería era descansar, que estaba reventado y con los ojos inchados y me decía el muchacho que necesitaba hablar. Si cerraba los ojos le sentaba mal, no sé porqué. Yo decía: oye, que te estoy escuchando pero necesito tener los ojos cerrados, y nada, que no quería hablar así.

Fíjate que ante presiones como ésta y mucho menores o sin que les presionen, la gente de esta dimensión o de la dimensión que sea, cede y se ofrece a hacer lo que sea y más porque si escuchan una voz en su mente piensan que es de un ser superior, más sabio y que lo dice por algo y que, si quedan bien les van a recompensar. Así que no sólo tenía que hacer frente a seres o lo que sean mentalmente perturbados, sino que también tenía que hacer frente a todos los que me iban enviando, bien porque se ofrecían o porque les manipulaban o controlaban mentalmente. Para que te hagas una idea, al que apunté con el cetme estuve a punto de hacerle un agujero bien grande en el estómago porque yo ya estaba harto. ¿Qué habría pasado si eso hubiera sucedido? Me habría caído de todo y me habrían dicho de todo y aunque yo hubiera explicado esto, nadie me habría creído. ¿A cuánta gente le ha sucedido esto? Porque hay gente que ante un determinado suceso da explicaciones similares y nadie les cree.

Cuando escucho eso de “en peores garitas he hecho guardia” me molesta y pienso que quien lo dice no tiene derecho a hacerlo ni de broma, porque soy yo el que ha hecho guardia en peores garitas !!

Me ascendieron a cabo y ya no hice más guardias en esa garita. No era un tema del que hablásemos los soldados, pero algunos de ellos tenían temor a estar en esa garita aunque no explicaban el motivo e incluso uno se negó a estar allí y, siendo yo cabo de guardia, me pidió muy afectado pero sin indicar el motivo, que le pusiera siempre en la garita de delante. Lo hice con la condición que que la persona que fuera atrás estuviera de acuerdo y así se hizo siempre.

El muchacho de la garita había sido una persona como nosotros. Cuando hablaba lo hacía como una persona normal que estaba atrapada en un extraño lugar. No sé si seguía siendo una persona o era otra cosa, pienso que él mismo no lo sabía. Todos estamos atrapados, pero algunos lo sabemos y otros no.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s